Hay otros mundos pero están en este y muchos de ellos residen en los recovecos del alma humana, al igual que la mayoría de nuestras pesadillas. José Miguel Vilar lo sabe bien, y es por estos dominios que su última antología de relatos nos invita a adentrarnos. Doce historias en las que lo oscuro nos susurra al oído, donde el mal se manifiesta a media luz, donde los temores subyacen a tan solo un paso de la realidad palpable.
A veces lo extraño surge de un encuentro fugaz, sea en habitaciones de hotel, tras el deleite sexual o circunscrito en el ámbito laboral, como en “El diablo me dijo” en “Montenegro”, “Entrevista a William Kholer” o “El azar”; en otras acecha acurrucado al amparo de antiguas casas que esconden secretos olvidados durante años como en “El hombre de arena” o el “Laberinto de la araña”. Los días lejanos en que paseábamos por el paraíso perdido de nuestras infancias tienen sus propios claroscuros en “El fantasma de Bellizona” y “Cuento para asustar a los niños”. La necesidad de creer y la estafa quizá se den de bruces con el más allá en “El famoso fotógrafo de fantasmas” o tal vez el pavor a ser olvidados y que el tiempo nos borre de un plumazo de la memoria de quienes también morirán algún día nos asalte en vida como en “El hombre borrado”. El mundo del escritor se fusiona con los referentes de la ilustradora en “El final de la pesadilla” a través de elementos que no conviene mencionar y que encuentran su reflejo en el juego metaliterario que podría esconder el horror vacui al que se enfrenta cualquier relación sentimental, o en “Mundo reflejado”, donde aquello que nos devuelven los escaparates y las ventanas tal vez no sea lo que esperamos. Este último concluye de forma admirable, casi constituyéndose su tramo final en microrrelato con crítica social demoledora.
Contadas todas con la maestría del que conoce y ama su oficio y con la inestimable compañía de las ilustraciones de Veronica Leonetti, pequeñas cajas chinas en las que las formas casi nunca son lo que parecen, cada una de las sendas que esta obra propone entre sus páginas conduce al lector a territorios insospechados de su memoria y experiencia. Sin darte cuenta, te descubriras leyendo pensamientos y sensaciones que tú también has tenido y vivido, o evocando recuerdos más o menos lejanos, y dotándoles, gracias a su intermediación, de un significado nuevo que no supiste otorgar en el esquivo presente. «Cuentos inhumanos» es un puñado de historias al que nadie debería perder la oportunidad de hablar de tú a tú.
¿Dónde conseguirlo?
Web de José Miguel Vilar – Blog de Verónica Leonetti.
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Este es el título de la obra de Joaquín Carro González, Quim para los amigos, que ha obtenido el primer premio del concurso de cómic convocado por CLAVE, entidad benéfica británica que tiene por principal objetivo la mejora de las condiciones de vida de las personas con deficiencia auditiva.
Con un estilo cercano a los tebeos de Bruguera, inconfundible para todos aquellos que nacimos en los setenta, Quim estructura la historia a través de un diálogo entre dos amigos, conversación que desmonta uno tras otro mucho tópicos que a menudo damos por ciertos en relación a la sordera y a cuanto la rodea. Así, de forma amena y entretenida —las quince páginas vuelan en un suspiro—, el autor consigue que terminemos la lectura con una idea mucho más real de lo que supone vivir con esta deficiencia, y lo hace de forma natural, didáctica pero sin victimismos, divertida pero sin subestimar el problema. Según el propio autor, la mejor crítica que ha recibido sobre su trabajo es que algún miembro del jurado llegó a pensar que tenía que ser obra de alguien con este tipo de deficiencia o con algún caso en su familia. Esta impresión, lejos de ser gratuita, viene provocada por la exhaustiva tarea de documentación que ha realizado para poder llevarla a buen puerto.
Podéis leer y descargar la versión digital del cómic a través de la imagen de la portada en la web de CLAVE.

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Ya se encuentra disponible la antología con los ganadores y mejores relatos del Segundo Premio Ovelles Elèctriques. Bocatto di cardinale, oiga. Que si el buen nivel del año pasado ha quedado ratificado con el fallo del Tercer Premio Internacional de Editoriales Electrónicas, en el que ganador y segundo clasificado, Sergio Macías García con Rubén debe morir y Felipe Martínez de Anguita d’Huart con Humedades, se han llevado sendos accésits, el del presente se sale. Y no es amor de jurado.
Su versión impresa se puede adquirir en Bubok, o descargarlo gratuitamente en pdf o en ePUB en el mismo enlace.
Y si del 6 al 9 de mayo os dejáis caer por el Salón del cómic de Barcelona no perdáis la ocasión de haceros con los impresionantes marcapáginas de 1840. La Rosa Secreta, novela/cómic que Mariko y David Belmonte se traen entre manos.
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El pasado miércoles 21 de abril fui invitado por el colegio Cèlia Artiga de Reus, con motivo de la semana de actividades de la diada de Sant Jordi, para charlar con los alumnos de 4º, 5º y 6º sobre Friki, libro que han trabajado en clase. Aproveché la ocasión para contarles por qué escribo, cómo surgió la idea de escribir la historia, cómo fue el proceso de escritura, y de qué forma se ven reflejados en ella la ciudad de Reus, y mis recuerdos de infancia. Lo verdaderamente interesante llegó con el turno de preguntas en el que los chavales estuvieron de lo más participativos y durante el cuál, surgieron cuestiones realmente interesantes como el origen de la idea para los kranks o los nombres imposibles de los protagonistas de la historia encadenada; por qué el primer y el último capítulo tienen el mismo título; por qué los padres de Tomás están divorciados o en qué establecimiento me inspiré para describir la tienda de Cómics Pancho. El colofón de la velada fueron dos asombrosos regalos hechos por los propios alumnos con la inestimable ayuda de sus profesores: un precioso punto de libro y un cuaderno compuesto, ni más ni menos, que por las opiniones que el libro ha merecido a cada alumno de las tres clases, de su puño y letra, sin trampa ni cartón, con una sinceridad encomiable. Hasta el momento había recogido más opiniones de adultos que de niños, los verdaderos destinatarios de la obra, y este pequeño tesoro ha solucionado la cuestión de un plumazo. Como os podéis imaginar me hizo una ilusión tremenda.
Me lo pasé en grande, para qué os voy a engañar, y se lo debo agradecer a todo el equipo del Cèlia Artiga, en especial a Julián, de quién surgió la idea, a Esther y Jose, quienes trabajaron el libro en clase y recopilaron sus impresiones y, por supuesto, a los nanos, la classe de l’àliga y la classe dels castellers, que me brindaron su paciencia y atención.
P.D. En la web de literatura infantil Pequelibros ha aparecido un nuevo comentario sobre Friki. Lo que más me ha llamado la atención de este espacio virtual es el modo en el que se presentan las obras: de forma amena y dirigiéndose a los pequeños lectores de tú a tú. Podéis leerlo aquí.





El meu avi Pere va néixer a Sant Esteve d’en Bas, quatre casetes de pedra envoltades de muntanyes i prats perdudes al capdamunt d’un turó. Podria dir-vos que era el cinquè de set germans i que de nen va haver d’ajudar a casa fent de pastor, que com a molts d’altres la Guerra Civil li va fotre en l’aire la joventut i li va tocar viure una postguerra trista i grisa, o que va tenir un bar i que quan arribava primer d’any perdonava els comptes pendents a tota la clientela. Us podria dir que, tot passejant, em va ensenyar les Rambles, la Plaça Catalunya, el Parc de la Ciutadella, em va portar al zoo, a navegar en «golondrina» i em va descobrir una ciutat, la Barcelona de finals dels setanta i començaments dels vuitanta, nova per mi tot i haver-hi nascut. Podria dir-vos que va comprar una casa en runes a Rajadell, un poblet del Bages, i la va convertir en el millor lloc on un nen voldria passar l’estiu. Us voldria explicar que allà em va ensenyar a anar en bicicleta, o que algunes tardes, quan anava amb els meus amics a veure’l a l’hort, ens donava pastanagues acabades de collir que netejava sota el rec. Podria dir-vos que li agradava molt jugar al billar a bandes o que mai es cansava de fer partides de dòmino.
El meu avi Pere va marxar la matinada de Sant Jordi, una miqueta cansat de carregar amb el mateix cos des de feia noranta-quatre anys. M’han dit que ens espera, badant entre els llibreters que munten les parades sota les primeres llums de l’albada i amb l’aroma dolç de roses mullades que omple els carrers.
Mi abuelo Pere nació en Sant Esteve d’en Bas, cuatro casitas de piedra rodeadas de montañas y prados perdidas en lo alto de un cerro. Podría deciros que era el quinto de siete hermanos y que de niño tuvo que ayudar a su familia trabajando de pastor, que como a muchos otros la Guerra Civil le fastidió la juventud y le tocó vivir una posguerra triste y gris, o que regentó un bar, y que cada uno de enero perdonaba las cuentas pendientes a toda la clientela. Os podría decir que paseando me enseñó las Ramblas, la Plaça Catalunya, el Parc de la Ciutadella, que me llevó al zoo o a navegar en golondrina y me descubrió toda una ciudad: la Barcelona de finales de los setenta y principios de los ochenta, nueva para mí aunque había nacido en ella. Podría deciros que compró una casa en ruinas en Rajadell, un pueblecito del Bages, y la convirtió en el mejor lugar donde un niño querría pasar el verano. Me gustaría contaros que allí me enseñó a montar en bici, o que algunas tardes, cuando iba con mis amigos a verle al huerto, nos daba zanahorias recién cogidas que limpiaba bajo el riego. Podría deciros que le gustaba mucho jugar al billar, o que nunca se cansaba de echar partidas de dominó.
Mi abuelo Pere partió la madrugada de Sant Jordi, un poquito cansado de cargar con el mismo cuerpo desde hacía 94 años. Me han dicho que nos espera entre libreros que montan sus tenderetes bajo las primeras luces del alba y el aroma dulzón de rosas mojadas que llena las calles.